Mostrando entradas con la etiqueta Ameda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ameda. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de abril de 2013

La insoportable levedad del ser (y la insoportable pesadez del sacaleches)

I´m back! Sigo viva… (aunque a veces, cuando me miro al espejo, veo que me parezco mas a los de The Walking Dead que a otra cosa) y quiero pediros mil perdones por estos meses de ausencia… pero la vida, queridas mías, no me da pa mas. Ando metida en tropecientos fregaos… que os iré contando a su debido tiempo, y que me hacen no saber ni en qué día vivo…

En finssss………… no quería dejar pasar el día sin contar un hecho histórico y reseñable en la historia de mi maternidad… que es que hoy 18 de abril, exactamente 7 meses clavados después (me incorporé a trabajar un 18 de septiembre, cuando mi hija tenía 4 meses y 20 días)… he dejado la ordeñadora automática en casa. Le he dado vacaciones largas… muy largas… así que espero no volver a verla en una buena temporada.



Bye bye querido!


Atrás han quedado 7 meses a un ritmo de 3 extracciones diarias, cargar con una pesada mochila llena de cachivaches, nevera, placas de hielo… lavar y secar diariamente embudos, botes, (los primeros meses incluso esterilizar), volver a montarlo todo, quitar pilas y acordarse de recargarlas… sacarte leche el fin de semana para tener reserva para los dias que no llegas, escaldar la leche antes de congelarla… levantarse en las últimas semanas a las 6 de la mañana para hacer una extracción mas, ya que si no, no alcanzabas el mínimo aceptable…

Hace tiempo que mi cuerpo y mi mente empezaron a decir basta ya. Estaba agotada fisica y mentalmente… y todo para conseguir unos 150 míseros ml de leche (en el último mes no me daba ya la cosa pa mas) para que Olivia se los desayunase en la guarde con la papilla de cereales… necesitaba pasar a otra fase… volver a esa etapa de la baja de maternidad en la que me limitaba a disfrutar de la lactancia directa con mi hija, sin máquinas ni artilugios de por medio… recordad que precisamente, eso es de lo mejor de la teta. La comodidad de no tener nada que preparar, nada que limpiar, nada que llevar…

Todos los días me decía a mi misma, hoy es el último día que me cargo la mochila… para verme con ella al dia siguiente, colgada al hombro, en el metro camino del curro one more time.

Pero ayer, al mediodía, encerrada en el baño de mi oficina, como todos los días, dándole a la ordeñadora… dije se acabó. Y se acabó, esta vez de verdad.

Cuando empecé a trabajar… no sabía cómo ibamos a responder mi cuerpo, y Olivia a la separación… si íbamos a conseguir mantener la lactancia materna exclusiva o no… pero me informé, me lo curré, me esforcé (y Olivia también, todo hay que decirlo) y llegué a los 6 meses sin que mi hija tomase nada mas y nada menos que la leche de su madre. Ahí respiré hondo… pensé que lo mas difícil ya estaba hecho… que  ahora todo sería más fácil… pero después de volver a informarme, y hablar mucho con Eloisa y con Suu… decidí que quería que la introducción de la AC se hiciese de manera paulatina, como sería lo natural si yo estuviese en casa. Que en mi ausencia le siguiesen dando siempre un biberón de mi leche antes de cada comida, y que comiese lo que quisiese de sólidos. La otra opción habría sido que le diesen toda la AC en mi ausencia, y luego conmigo solo tomase teta… pero esto conllevaba varias cosas que no me gustaban. Primero que implicaría una bajada repentina de producción lechera en mi, al estar tantas horas sin extraerme. Segundo, que al ritmo de extracciones y de cantidad de veces diurnas y nocturnas que Olivia mamaba… era imposible que aguantase mas de 3-4 horas sin que la teta me explotase… y tercero, que Olivia, con 6 meses y 1 dia no era diferente a Olivia con 5 meses y 29 dias… seguía necesitando la misma cantidad de leche, y yo prefería que fuese ella misma la que, naturalmente, poco a poco fuese bajando la ingesta de leche, y subiendo el consumo de sólidos.

Así que seguí sacandome leche exactamente igual… y las cosas fueron sucediéndose de manera natural. Durante los primeros meses yo seguía obteniendo la misma cantidad de leche, que Olivia se tomaba tan feliz, e incluso seguía teniendo hueco después para algo de comida complementaria. Poco a poco Olivia fue aumentando la ingesta de AC, mi producción bajando poco a poco, y los biberones de leche que se tomaba igual. En las últimas semanas a Olivia ya le están dando la comida de los mayores en la guardería (mira que se lo llevo diciendo tiempo, que la nena en casa se come los filetes mas rápido que tu y que yo… pero hasta ahora les daba “miedo” jeje). Hace mucho tiempo que ya no toma ni un solo biberón, y los 150 ml que les dejo de leche los usan para hacerle una papilla para el desayuno.

Y precisamente, esos 150 ml son los que me seguían “preocupando”… qué va a desayunar ahora la nena cuando yo no estoy? ¿Leche de continuación? ¿Leche de vaca? La respuesta la tenía en mi interior… pero como soy un mar de dudas continuo, escribí a Elo once more time, para exponerle mis dudas y mis preocupaciones. Y gracias a un largo y revelador email que me envió (nunca te daré las suficientes gracias por todo lo que nos ayudas), ví la luz y constaté varias cosas que yo ya sabía…

  1. Que los humanos somos los únicos mamíferos que, incomprensiblemente, antes y después del destete tomamos leche de otros animales que no son de nuestra especie.
  2. Que si mi hija toma leche de su especie… ¿por qué va a tener que tomar leche de otra? ¿Le aportaría algo nuevo que no le aporta la mía o/y otros alimentos?.

Con lo cual… si cuando Olivia se despierta por la mañana, antes de irnos a la guarde, mama tan feliz, y va allí con su barriga cargadita de leche de mamá… ¿por qué cuando llegue allí, media hora después, le van a tener que plantar otro vaso de leche? ¡Si ya se lo ha tomado en casa! Así que, al igual que en casa ella mama al despertarse, y luego todos nos sentamos a desayunar zumo de naranja, y tostadas, galletas o lo que se tercie… ¿por qué no entre semana puede ser igual? Ahí estaba la respuesta que yo ya sabía. Que mi hija no necesita ninguna otra leche… si ya tiene la mejor en casa, ¡y en formato barra libre! Eso si… cuando le cuentas estas cosas a su cuidadora… se le ponen los ojos en blanco. Peeerooooo, y qué va a desayunar la niña? Pues galletas, magdalenas, churros o lo que haya ese dia. Peeeeroooo y qué va a beber? Pues si tiene sed, agua o zumo, lo que quiera. Mmmmm, bueno vale, pero cuando sea un poco mas mayor, si le damos leche del tetrabrick, no? Si bueno, cuando sea mas mayor ya lo hablaremos (afu, le digo que si pa que se calle, porque jartita estoy de dar explicaciones, y ser la rara de la teta…).

Asi que, resumiendo, hoy y mañana mi nena tomará leche de su mami en diferido por última vez en su vida (hoy, porque es la que me saqué ayer, y mañana porque sacaré el último bote de leche congelada que atesoraba en mi nevera) y a partir de ahora, a disfrutar de su leche en el envase original, única y exclusivamente ;)

Y… ¿cómo me siento yo? Pues lo primero, cuando he venido a trabajar sin la mochila… me he sentido rara. Muy rara. ¡El bolso no pesaba nada! Me siento como leve, extrañamente leve. Y meláncolica. Y algo triste… diréis que estoy loca, pero no se… siento una extraña mezcla entre pena y culpabilidad (ainss la culpabilidad maternal, que sentimiento mas poco productivo)… pero en fin… cerramos capítulo… eso si… ¡para abrir otros muchos!

miércoles, 7 de noviembre de 2012

QUERIDO SACALECHES:


El sacaleches es ese objeto odiado y deseado a partes iguales por toda madre lactante y trabajadora. Ni con él ni sin él tienen tus males remedio. Hay días que no quieres ni verlo, y de pronto te descubres enchufada a él, one more time.

Así que no queda mas remedio que hacerse su amiga. Aunque nos caiga mal. El sacaleches viene a ser como tu jefe. Le quieres mandar a la mierda… pero no te queda otra que sonreirle, no vaya a ser que te ponga de patitas en la calle.

Dar la teta es algo placentero (si no, de qué ibamos a seguir aquí al pie del cañón contra viento y marea)… pero sacarse leche… ayyy… sacarse leche es harina de otro costal.

Una está acostumbrada a esa sensación tierna e idílica que es amamantar a su hijo… acariciarle la cabecita, olerle, mirarle a los ojos y que tu hijo te mire, que se aparte de la teta y te sonría… que termine con toda la boquita manchada de leche y una cara de satisfacción que ni la que a ti se te pone el dia que te zampas una tarta entera de chocolate en pleno síndrome premenstrual… tu bebé quiere comer, se engancha a tu teta, y la leche fluye y le alimenta como una perfecta máquina engrasada y lista para funcionar.

Y así van pasando los meses (bueno, meses, meses… que no llegan a 4, vamos…) y el fin de la baja maternal empieza a asomar su cabecita. Lloras a escondidas, te rebelas, echas números, tiras los números a la basura para no deprimirte aún mas… y empiezas a darte cuenta de que, pasada la negación, llega la aceptación (esto es lo que hay, y punto) y la búsqueda de posibles “parches” para que este cambio no sea tan traumático en la vida de madre y bebé. Porque, no nos olvidemos, el sacaleches es un parche. Un parche totalmente innecesario si la jodida baja laboral durase como mínimo, minimísimo, los 6 meses de lactancia materna exclusiva que la OMS y la Asociación Española de Pediatria recomiendan. Después de estos 6 meses, dado que el bebe empieza con la alimentación complementaria, combinar lactancia y trabajo fuera de casa no sería tan difícil puesto que podría darse la alimentación complementaria las horas que la madre no está en casa, y cuando ella vuelva, lactancia materna a demanda. Porque, aunque sacarse leche y dársela al bebé es un “mal” menor… darle nuestra leche en biberón NO es dar de mamar. Es dar el biberón. Un biberón con la mejor leche para él… si… pero biberón al fin y al cabo.

Pero en fin… como estamos como estamos, y somos como somos (y así nos va), volvemos al curro cuando nuestro hijo no tiene ni 4 meses, así que algo hay que buscar.
Y ese algo se llama sacaleches.

Servidora está fuera de casa, como mínimo, nada mas, y nada menos, que 11 horas al dia. 11 horas, se dice pronto… Eso no hay teta que lo aguante… Cuando estaba embarazada pensaba que me daría con un canto en los dientes si conseguía llegar a darle la teta a Olivia las 16 semanas de baja maternal (después, obviamente, iba a ser imposible). Cuando Olivia nació, y superados los problemas del principio, empecé a “soñar” con amamantarla los 6 meses que debía ser su alimento en exclusiva. Y hoy, cumplidos esos 6 meses, ni sueño ni pienso nada, ni de duraciones ni de tiempos, porque la lactancia materna es algo natural, que empezó de manera natural, y que se terminará de de la misma forma natural, es decir, cuando Olivia y yo queramos.

Pues bien… 11 horas fuera de casa. Con una hora para comer. Pues nada, en esa hora, me saco la leche que haga falta, y ale a correr. Aaayyy… que fácil es la naturaleza, y que poco sabemos de ella.... si hubiese seguido esto, a dia de hoy no estaría escribiendo un blog llamado “Sin teta no hay paraíso”.

Para mantener la producción, debía sacarme leche aproximadamente cada 3 horas. Lo que viene a ser unas 3 veces a lo largo de mi jornada laboral.

Vale, ya tenemos el planning hecho. Nada puede salir mal. Me voy al baño en esas horas, y en unos minutillos leche fuera. ¿Qué facil, verdad? Ja! Ahora a comprar el sacaleches.

El mundo sacalecheril es un mundo aparte. Es como cuando te pones a buscar carritos de bebes, o cunas, o bañeras… que no tienes ni idea de nada, y te empiezan a acribillar con términos como maxicosi, capazo, silla de doble sentido y no se que mas… hay sacaleches manuales y eléctricos. Individuales y dobles. De doble fase o no. Vamos, que en vez de un sacaleches, parece que te estás comprando el coche.

Teniendo en cuenta lo “amigos” de la lactancia que son en mi curro… necesitaba algo rápido y eficaz. Eso traducido a términos sacalecheriles, es un sacaleches eléctrico y doble. Toda una señora ordeñadora, vamos.

Al final opté por el Lactaline de Ameda (ver foto… un cacharro precioso, eh??), por relación calidad-precio básicamente… Encargué ese oscuro objeto del deseo por Internet… y al día siguiente lo tenía en casita. Bien, bien, ahora a solo falta probarlo. Probarlo, lo probé. Y usarlo, lo usé. Y puedo decir, a día de hoy… que si mi relación de pareja ha superado la imagen de mi misma enchufada a dicho aparato, y el puerperio… nada ni nadie nos va a separar jamás J

Después de estos meses dándole al tema (y lo que me queda)… he constatado varias cosas importantes… Sacarse leche es difícil… si, lo es. Y mucho. El cuerpo no reacciona igual a la máquina infernal que a tu bebé… de hecho lo normal es que con el sacaleches no te salga ni gota de leche, lo cual puede dar lugar a pensar que no tienes nada… si no fuese porque tu hijo está rollizo y hermoso como él solo… así que sacarse leche es una cosa que hay que entrenar, y acostumbrarse a la maquinita…
Consigues mucha mas leche sacándote tres veces que dos, y dos que una sola… y en la primera extracción de la mañana sale mas del doble de leche que en las siguientes.
Si no te sacas leche varias veces, no hay producción que lo aguante, sobre todo cuando tienes todavía a un bebé que solo se alimenta de ello…

En época de pleno apogeo… he conseguido sacarme mas de medio litro de leche al día (si, soy una auténtica vaca lechera)…

En fin… gracias a mi “amigo” sacaleches, Olivia y yo hemos conseguido llegar a los 6 meses de lactancia materna exclusiva. A partir de ahora empieza lo “fácil”… ya no depende únicamente de mi leche para alimentarse (aunque si mayoritariamente al menos hasta el año) con lo cual el estrés de tener que sacarme cantidades ingentes de leche (Olivia no es precisamente la típica niña de teta que hace huelga de hambre cuando mami no está) ya no es tanto…

Así que… querido sacaleches, ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio. Contigo porque me matas. Y sin ti porque me muero.